Aviso que va a ser un comentario largo, pero la experiencia fue frustrante y visto que el responsable contesta a los mensajes, prefiero no dejarme ningún detalle y quien quiera alojarse en este hostel, que sepa lo que se puede encontrar. Fuimos un grupo de 17 personas: 9 adultos y 8 niños (los mayores, de 10 años) a pasar el fin de semana a Burgos. Escogimos este hostel porque nos daba la posibilidad de dormir todos juntos en el mismo establecimiento y cada familia en una habitación familiar con su respectivo baño privado. Además, la ubicación es inmejorable, en el centro de Burgos, junto a la catedral. El precio lo consideramos caro para ser un hostel (un albergue de los de toda la vida): 90 Euros la noche, sin desayuno, teniendo que hacernos la cama y que pagar por las toallas. Estamos acostumbrados a alojarnos en este tipo de establecimientos y sabemos que son instalaciones espartanas pero limpias y a precio muy ajustado. CHECK-IN Llegamos el sábado sobre las 7 de la tarde para hacer el check-in tras pasar el día con los niños en las excavaciones de Atapuerca. A las 9 teníamos reserva en un restaurante del centro de Burgos por lo que teníamos tiempo para coger las llaves, hacer las camas, arreglarnos y salir tranquilamente hacia el restaurante. Incluso nos hubiera gustado tomar algo en el bar del hostel ya que como veterano jugador de rugby, me hizo gracia ver que era el bar de un club de rugby con bufandas de muchos equipos en las paredes, ofertas de pintas de cerveza durante los partidos del Mundial… Entramos en el hostel a través del bar y avanzamos hasta el fondo donde estaba la señal de Recepción, junto a un reducido pasillo. Las familias con los niños se quedaron en las mesas más cercanas a la recepción y dos de los padres fuimos al mostrador de recepción, encontrándonos con que estaba cerrada, sin indicaciones sobre el horario. Solo un cartel que decía que habláramos con la barra del bar o bien llamáramos al móvil que aparecía. Volvimos por tanto a la barra y le indicamos al camarero (el único que había, alto, delgado, con tatuajes en los brazos) lo que ocurría. Nos comenta que él no es el encargado de la recepción pero que no nos preocupemos que llama al responsable. Tras 5-10 minutos, por ahí no aparecía nadie. Volvimos a comentar al camarero y nos dijo que él ya había llamado y que por tanto no se podía hacer nada más. Optamos por llamar nosotros al teléfono de recepción (que luego resultó ser el mismo al que llamaba el camarero) y nadie lo atendía. Ya empezamos a estar con la mosca detrás de la oreja: Si resulta que la Recepción se cierra y nadie atiende al teléfono, si hay cualquier emergencia ¿quién está al mando? Siguen pasando los minutos y nos vamos a la media hora de espera sin que nadie apareciera. Llegados a este punto, aparece otro grupo de huéspedes (de un club ciclista) con sus bicicletas para también hacer el check-in y lógicamente van también a la barra del bar para que les atienda el camarero. Ahí, el camarero ya emp
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