Para empezar es un hotel que no está adaptado para movilidades reducidas, aunque solo sean dos plantas hace falta un ascensor, vimos personas mayores con dificultades para subir las escaleras,quiero creer que recibirían ayuda para subir y bajar las maletas. La hora de la comida es lo que más les prima y llegan a llenar el recibidor del hotel de mesas, dificultando el acceso a las habitaciones hasta el punto que solo puedes entrar por el bar y atravesar el comedor; la calle la llenan de mesas y al ser muy estrecha hace prácticamente imposible mover el coche desde el parking. A titulo personal el primer día decidimos comer allí y como es lógico decidimos comer un buen chuletón de Avila "Al Punto" el problema no es que nos lo trajeran prácticamente crudo es que estaba literalmente frió, como si lo hubiesen cocinado hacía media hora y cuando reclamamos se lo llevaron otro rato a la parrilla diciéndonos el camarero que "es que no les gustaba meterlo al microondas para calentarlo" esto son palabras textuales. El desayuno es un poco escaso y solo había un camarero que se tenía que ocupar de atender la recepción, hacer las tostadas, poner el café y recoger las mesas, imaginaos el caos con 20 personas desayunando. Y ya para terminar al menos en nuestra habitación la 105 el olor a cañería era insoportable daba la sensación que la ducha no tenía sifón y salía olor por toda la habitación.
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